Complete Woman

El dolor nunca se desperdicia.

Dios me regalo esa frase hace ya varios días a través de una persona muy especial para mi, -Diana Pineda- y aunque escribí este POST el mismo día, decidí esperar un poco para compartirlo contigo. (Cuando lo viviera en realidad) y  hoy es el día. Pregunta ¿Cuántas veces en tu vida has sentido dolor? Si eres como yo, posiblemente muchas, y ¿Cuántas veces has usado ese dolor para tu bien, o para el bien de los demás? Posiblemente no tantas.

Vivimos en un mundo en donde es prácticamente imposible evitar el dolor. Esta en todas partes, en personas que nos hacen daño intencionalmente o no, en situaciones dolorosas que se salen de nuestro control, incluso esta en nuestros propios sentimientos, tales como la auto conmiseración, la depresión, la culpabilidad, que nos lastiman una y otra vez. La cuestión no es si el dolor esta presente o no (porque posiblemente muchas veces estará), la cuestión es como reaccionaremos ante él cuando este frente a nosotros. Esta es una lección que he venido aprendiendo hace algún tiempo y aunque cada vez es un poco más llevadero para mi, confieso que sigue siendo difícil en cierto sentido. Preguntas como ¿Por qué a mi? ¿Por qué yo? ¿Qué hice para merecerme esto? Etc, etc, etc, Empiezan a rondar en mi mente una y otra vez y para ser muy sincera, ese tipo de preguntas son completamente inútiles pues solo nos desgastan física, emocional y espiritualmente. La realidad es que probablemente nunca obtengamos la respuesta.

Sin embargo, a lo largo del tiempo y a través de muchas circunstancias he aprendido que hay dos formas de enfrentar el dolor: La primera es, entregárselo al enemigo de nuestra alma y permitirle que el destruya nuestra vida, identidad, pensamientos, sentimientos, corazón y posiblemente el de las personas que nos rodean o nos rodearan en un futuro. La segunda es, entregárselo a Dios, permitirle que él nos limpie, nos cure, nos sane, nos enseñe lo que sea que necesitamos aprender a través de esta experiencia dolorosa, dejar que nos muestre que cosas no hicimos tan bien, que podríamos cambiar, mejorar, hacer diferente la próxima vez. Por ultimo (Y para mi la mejor parte de todo este proceso) Cuando la herida por fin haya cicatrizado correctamente, cuando a pesar de que existe una marca, ya no queda huella del dolor, permitirle que Él utilice esa experiencia para levantar nuestra vida y sanar la vida de muchas otras personas, que tal vez están pasando, pasaron o pasaran por la misma situación, pero a diferencia de ti o de mi aún no tienen ni la menor idea de cómo salir de ella. Cada vez que sufrimos tambien somos libres para elegir cual será el resultado de ese sufrimiento, sin lugar a duda, una de esas opciones siempre es mucho mejor que la otra.

Entonces ¿Qué debemos hacer? ¿Como se supone que podemos usar el dolor para bien?

Primero, debemos decidir perdonar, perdonar a quien nos lastimo, dejarlo libre para que nosotros también podamos ser libres, perdonarnos a nosotros mismos (Muchas veces sentimos que fuimos nosotros quien lo permitimos y posiblemente fue así, pero eso no quiere decir que fue tu culpa, las personas no siempre van a dar todo de ellas como tú das todo de ti y no tienes porque sentirte mal por ello).

Segundo, debemos tomar un tiempo para pensar, que hice bien, que hice mal, que debería seguir haciendo y que no debería hacer jamás, reconocer nuestros aciertos y nuestras fallas nos ayudará a hacer las cosas mejor en la próxima oportunidad.

Tercero, permitir que Dios nos hable con respecto a esa situación, aceptar lo que sucedió sin reproches, criticas, juicios y permitirle que nos sane, para que así se cumpla lo que esta escrito, “Pues Dios nos consuela en todos nuestros sufrimientos para que también nosotros podamos consolar a quienes sufren, dándoles el mismo consuelo que hemos recibimos de él.” 2 Corintios 1:4.

No hay mayor satisfacción que saber que Dios no desperdicia absolutamente nada, ni siquiera el dolor. Romanos 8:28 dice “Y sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos.” No te preocupes, Al final todo saldrá bien, y si no ha salido bien es porque aún no es el final.

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5 Comments

  1. Ximena Briceño

    El.dolor hace parte de la vida, pero es momentáneo, cuando se lo entregamos a Dios, estamos dispuestas a ser sanas, a permitir que Dios sea quien lo transforme en amor y perdón a aquellos quienes lo ocasionaron, incluyéndonos a nosotras mismas. La cuestión es reconocerlo y no ocultarlo o asumirlo por nuestra cuenta. DIOS nos recibe, acepta y ama como somos, nubca juzga Él es fiel! Es cuestión de ceder, nada fácil pero … necesario

  2. silvia Fernández

    Gracias lini realmente me encantó este post… Dios te continúe bendiciendo gracias por mantenerme al tanto que cuando me avisas realmente los leo. ♥ te quiero mucho lini … realmente me arrepiento de no haberte amado como lo merecías cuando te tuve a mi lado … anhelo tomarme una foto contigo creo que si teníamos una pero jum no se si me la mandaste.

  3. María Elena Sierra

    Jesús quien restaura cada corazón quebrantado. Lina gracias por compartir esa sabiduría que Papá Dios enseña a tu corazón por medio de tus vivencias, se que es de gran bendición y regalo para las personas que tenemos la oportunidad de leerlas.

  4. […] absolutamente nada, ni siquiera el dolor” es una frase una amiga. (Puedes leer mas aquí) Y tampoco desperdicia nuestro pasado. No podemos estropear el plan de Dios, podemos complicarlo, […]

  5. Lina Maya

    Gracias a ti por leer!!!

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