Complete Woman

No llores, decían. Es mejor fingir, decían.

“No llore Mijita” Decía mi mamá, este es el nombre original de este post, lo escribió una gran amiga, Natalia Arredondo y al sentirme tan identificada quise compartirlo con ustedes.

Todos hemos sentido dolor, a todos nos han herido, todos hemos sido decepcionados. ¡TODOS, sin excepción! pero en nuestra sociedad actual, llorar es muestra de debilidad,  inmadurez o falta de autocontrol y esas creencias pueden hacernos experimentar enfado, inquietud, ansiedad y llevarnos a buscar escapar de esta emoción lo más rápido posible.

La mayoría de nosotros odiamos las lágrimas, (Yo las odié), siempre me criticaba y juzgada duramente, me sentía tan estúpida, tan tonta. La vergüenza de que alguien se diera cuenta de que no estaba bien, me hacía controlar mis ganas de llorar y de gritarle al mundo que estaba en “la inmunda”, así que en lugar de llorar y sacar a la luz todo mi dolor, angustia, tristeza, decepción y frustración, aprendí a usar la máscara del bienestar y la felicidad. Aprendí a aparentar que era fuerte, valiente y que mi vida era una maravilla, aunque por dentro estuviera destruida.

Todos esos años de sofocar muchas lágrimas, de ponerles una tapa, y de fingir siempre que todo estaba bien, cobraron un precio bastante alto. Todas las emociones que guarde durante tanto tiempo se volvieron duras como roca. Luego estas mismas emociones se convirtieron en los ladrillos que usé para construir muros de amargura, resentimiento y falta de perdón. No tenía ni idea de qué hacer con todos esos sentimientos represados pero después de una depresión crónica de 6 meses una vez dije, ¡no más! y aprendí a llorar.

De mi MÁSTER EN LLANTO estas son 3 lecciones que aprendí, y que tal vez a ti, te pueden servir:

  1. LIDIAR: con todos y cada uno de los sentimientos de dolor, pánico, ira, frustración, vergüenza, desesperación, ¡Llóralos todos! Date permiso para sentir y ser vulnerable, abraza las lágrimas, porque el llanto es un regalo de Dios que trae sanidad, libertad. 
  2. NO LLORES EN VANO: Llora, pero no por llorar. Llórale al único que puede sanar tu alma, Dios.  Hay mucha gente en depresión que llora sin parar (Yo fui una de ellas) pero que finalmente no encuentra consuelo. Llorar correctamente es exponer delante de tu creador tu caso, tu pena, tu dolor, ser abierto con tus sentimientos y dejarte sanar. En la biblia hay una historia que describe perfectamente qué es llorar correctamente, la historia de la Ana que puedes encontrarla en 1 Samuel 1:9-20.
  3. NO AL PERFORMANCE: Dale un rotundo NO al performance en tu vida. Este mundo no necesita más performance, sino gente real, que sepa llorar, que sea vulnerable, que sea auténtica y verdadera en su expresión. Recuerda que estás en el mundo real; no actuando. La vida real no es una fiesta de disfraces, así que deja tu máscara en casa. En realidad, regresa ve por ella y destrúyela al exponer el sentimiento que tratas de tapar.  ¿Cuál es el objetivo de fingir? Dios sabe por lo que estás pasando, Él sabe y entiende. Así que toma esa sonrisa falsa y conviértela en lágrimas sanadoras. No hay vergüenza en tu humanidad, es precisamente porque estás (con el corazón roto, enojado, quebrado, solo) que Jesús dio su vida para traer sanidad a tu alma.

Y si eres feliz, ¡sé muy feliz! No pretendas seriedad tampoco. Sé contagioso con tu alegría. Difunde el amor y la alegría. Necesitamos a los fuertes, necesitamos a los débiles,  pero, sobre todo, necesitamos lo honesto y lo real. Dios y el mundo anhelan al verdadero tú. ¡Deja de fingir!

Reto final: Empieza a salir del closet del perfomance hoy. Piensa en algo que no este bien en tu vida, luego expónlo delante de Dios, (Nunca sola) llora, desahogate, y … ¡Boom! Así de fácil tendrás una mascara menos.

https://soakinnblog.wordpress.com

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